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FILOSOFÍA DE PALABRAS QUE SUMAN

Somos humanos. Sufrimos por lo que nos pasa y también —aunque casi nunca nos demos cuenta— por cómo reaccionamos a ello. A menudo nos cuesta comprender que nuestra propia manera de afrontarlo puede estar añadiéndonos un dolor innecesario.

Y es que el dolor no solo viene de la circunstancia en sí, sino de cómo nos tratamos mientras la vivimos. Ya sea por creencias y principios no cuestionados, por una culpa inconsciente o por aspectos de nuestra propia forma de ser, sin querer terminamos poniéndonos una traba más para recuperarnos.

Entendernos a nosotros mismos y tratarnos con más compasión es el primer paso para ir aflojando nudos.

Dar voz a lo vivido no solo sirve para ordenar la propia experiencia, sino también como un acto de enorme generosidad. Compartir cómo lograste comprenderte y así dejar de añadir sufrimiento a lo vivido es regalar a otros «palabras que suman»: un testimonio real que consuela, acompaña y nos enseña a aliviar el dolor.

Escribir desde esta comprensión es dejar constancia de aquello que un día transformó nuestra manera de relacionarnos con lo que nos hizo daño. Gracias por este regalo.

No hace falta haber vivido una experiencia extraordinaria. De hecho, lo más probable es que aún nos falten respuestas y, más probable aún, que sigamos cometiendo errores. Y sin embargo, el gran paso es esa toma de conciencia que nos mantiene alertas para intentar no caer en la parte evitable del sufrir más de la cuenta.

A veces hace falta tocar fondo o atravesar un imprevisto para usar esa adversidad como un trampolín desde el que tomar perspectiva. Otras veces, esta comprensión viene de la mano de otros que generosamente nos regalan su aprendizaje.

Juntos es fácil

Palabras que Suman

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