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¿Qué hay detrás del silencio, del juego o de la conducta aparentemente neutra de un niño que ha sufrido la pérdida de un ser querido? Yo diría que todo un universo interno intentando procesar la ausencia. Para mí, que me he dedicado a la formación toda la vida, la educación en este campo adquiere un valor ya no solo a nivel conocimiento sino de pura transformación. Acompañar a los más pequeños es recorrer juntos un mapa del tesoro que indica cómo sostener lo que las palabras, por sí solas, todavía no alcanzan a decir.
Acompañamiento en Procesos de pérdida y duelo en niños y adolescentes desde el modelo M.A.R. – Alma Serra
Muchas veces, cuando pensamos en el duelo, tendemos a mirar únicamente la pérdida de un ser querido desde los ojos de los adultos. Nos da miedo hablar de la muerte, de las separaciones o de los cambios dolorosos con los más pequeños. Intentamos protegerlos «mirando hacia otro lado», pero lo que no se habla, no deja de doler. Los niños y adolescentes sufren, sienten y experimentan pérdidas constantemente, aunque las expresen de una forma totalmente distinta a nosotros.
El Proceso M.A.R. (Movimiento hacia el Agradecido Recuerdo) creado originalmente por Carlos Odriozola y Teresa Garcés bajo un enfoque humanista e integrador, no pone el foco en la muerte o en la pérdida en sí, sino en la vida y en la educación emocional para aprender a despedirnos bien y con amor.
DUELO INFANTO-JUVENIL – Fases de Elaboración del Duelo
1. Acogimiento emocional de la ausencia
A diferencia de los adultos, un niño nunca dirá: «Mamá, estoy triste por la muerte del abuelo, llévame al psicólogo». Lo expresarán con el comportamiento, cambios en el sueño o el aislamiento. En esta primera fase el objetivo es recibir y validar al menor, creando un vínculo de seguridad y espacio protegido (con ayuda de coterapeutas como peluches, Playmobil o cartas) para que sienta que su dolor es visto y acogido.
2. Expresión emocional del dolor (Los recuerdos)
En esta fase nos centramos en construir y elaborar la historia de la relación vivida con esa persona, mascota o situación perdida, desde el origen hasta el momento actual. Ayudamos al menor a conectar con lo que siente a través del vocabulario emocional y actividades muy creativas: álbumes de fotos, collages, cuentos personalizados…
3. Identificación y elaboración de los secretos (culpas)
Es el núcleo central del trabajo. En menores llamamos «secretos» a lo que en adultos llamamos culpas, porque es una palabra mucho más cercana a su lenguaje. Identificamos qué cosas se han quedado enquistadas (arrepentimientos, cosas no dichas, enfados) y las elaboramos a través de dinámicas simbólicas (como la silla vacía, marionetas, cartas o la metáfora de la luna) para que el menor experimente la vivencia profunda del perdón. Finalmente, realizamos el ritual de destrucción o quema de esos secretos.
4. El agradecimiento
Una vez liberadas las culpas y sanada la historia, el menor está preparado para hacer un movimiento genuino hacia el agradecimiento. No se trata de dar las gracias «con la boca pequeña», sino de reconectar con el amor recibido. En adolescentes se suele plasmar en una carta, y en niños mediante un mural del agradecimiento o recuerdos compartidos.
5. Reutilización de lo aprendido en beneficio de su entorno
¿Y qué hago ahora con todo lo que he aprendido de mí y del amor? El menor se convierte en un «mini-ayudante», capaz de comprender las despedidas, apoyar a compañeros que estén pasando por situaciones difíciles y honrar el recuerdo de lo vivido desde la serenidad.

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