Legados

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«Lo que en un principio puede ser una forma de mantener la conexión, en ocasiones se transforma en una carga añadida al proceso de duelo»

LEGADOS: Una reflexión sobre el legado que dejamos, el duelo y la libertad de seguir viviendo — Cristina Benítez

Hace ocho años falleció mi marido, un ser maravilloso que llenó mi vida de amor. El diagnóstico de cáncer en estadio cuatro fue tan inesperado que solo pasaron dos meses y medio hasta su partida. Quedé rota, sin deseos de vivir y con muchas ganas de marcharme a su lado. Al dolor de la pérdida se juntaron las creencias, los sesgos cognitivos heredados, los marcos interpretativos familiares, las ideas sobre los deberes y obligaciones en el duelo y los mapas mentales transmitidos de generación en generación.

¿Qué se espera de una viuda?

En mi caso, preservar la memoria de mi marido, mantener y transmitir su legado. Cada día que vivía estaba enfocado en ello. Quería vivir como él lo hubiese hecho, quería que toda la sabiduría que compartió y los valores que transmitió no se perdieran. Deseaba que él siguiera siendo un referente, un modelo y una guía para toda la familia, amigos, compañeros de trabajo. Quería hacer realidad sus sueños, sus ilusiones y su manera de vivir. Pero, mientras lo intentaba, cada día me sentía más pequeña, más triste, más ahogada y más alejada de la vida.

Si él madrugaba para llegar a primera hora a la fábrica, yo madrugaba aún más; si a él le gustaba jugar al pádel, yo seguía jugando, aunque cada vez que entraba a la pista sintiese que el corazón se me partía en mil pedazos; a él le encantaba su coche, pues yo continuaba con el suyo y con el mío porque me sentía incapaz de venderlo, aunque me resultase súper incómodo de conducir. Y así lo intentaba hacer con cada una de sus normas, sus pasatiempos, sus obligaciones: con su mundo.

Sobre el legado

Nadie me explicó (o, si lo hicieron, no estaba preparada para escucharlo) que las personas que parten ya han vivido su vida, y que nosotros continuamos aquí para vivir la nuestra.

La permanencia de quien partió no depende directamente de nuestra memoria activa, de nuestro sacrificio o de perpetuar sus costumbres. Entender que mantener el legado y la memoria de un ser querido no es obligación de los supervivientes, fue una toma de conciencia profundamente liberadora y sanadora.

Aun así, no es fácil llegar a esa toma de conciencia, ya que supone levar anclas y soltar una carga que, en muchas ocasiones, la cultura, la tradición y nuestro propio entorno nos imponen.

Soltar la obligación de mantener un legado

Soltar esta obligación permite que el recuerdo de nuestro ser querido pase de ser una tarea a convertirse en un espacio al que acudimos libremente para honrar desde el amor, no desde el deber, aceptando así la finitud de la vida.

Intentar sostener de manera artificial su presencia termina agotando nuestras fuerzas. El legado de quien ha partido no debería medirse por el esfuerzo de quienes se quedan, sino por la huella que dejó en nuestros corazones.

Recordarlo día a día por lo que fue, por los momentos compartidos, valorando la vida vivida a su lado y conservando en mi corazón el amor tan grande que nos profesamos, me permite seguir avanzando, ser quien soy y dejar mi propia huella en el camino.

Cristina Benítez es licenciada en Bellas Artes, madre de dos hijas y empresaria. Experta en Inteligencia Emocional. En la actualidad cursa tercero de Psicología. La definen, entre otras cosas, su capacidad de amar y su amor por el aprendizaje.

Honrar a quien hemos perdido no significa mantener intacto todo aquello que dejó, ni convertir su recuerdo en una obligación. Podemos soltar la necesidad de conservarlo todo y, aun así, seguir amando y recordando. Porque las personas a las que amamos siguen formando parte de nuestra vida a través de la huella que dejaron en nosotros.

Esta experiencia nos recuerda que el duelo también puede ser una vía para conocernos mejor: descubrir qué nos exigimos, qué creencias nos pesan y qué sufrimiento añadimos sin darnos cuenta al dolor de la pérdida.

Comprender todo esto puede ayudarnos a soltar algunas cargas, levar anclas y seguir caminando, llevando con nosotros la huella de quienes amamos mientras seguimos construyendo nuestra propia vida y dejando nuestra propia huella.

Gracias, Cristina, por poner palabras a algo tan difícil de expresar y por hacerlo además desde una mirada tan íntima y honesta.

Amar es para siempre.

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