Siete Frases

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LORENZO BARNÓ

«Siete frases bienintencionadas que no me ayudaron durante el cáncer y la quimioterapia, y lo que aprendí sobre presencia, vulnerabilidad y cuidado» — Lorenzo Barnó, 26 de agosto de 2026.

1. «OPTIMISMO ANTE TODO. TODO ACABARÁ BIEN»

Ojalá. Pero nadie puede saberlo.

Un poco de optimismo puede ayudar. A mí me servía para no quedarme atrapado en el pesimismo. Pero la realidad era complicada: una operación salvaje y seis meses de quimio.

Dulcificar el proceso nos aleja de lo real.

A mí no me ayudaban las frases bonitas ni que me aseguraran que todo saldría bien. Me ayudaba sentirme escuchado y saber que alguien acogería mis miedos.

Estar al lado de alguien jodido ya es mucho. Las palabras no siempre alivian. La presencia, muchas veces, sí.

2. «APROVECHA EL AQUÍ Y AHORA»

Sí y no.

La obligación de disfrutar el presente puede convertirse en otra exigencia.

Yo necesitaba mirar hacia atrás con agradecimiento y, sobre todo, imaginar futuros. Fantasear con ellos fue importante para seguir.

Había días en los que el presente era demasiado gris: no tenía energía, no podía comer o no controlaba el esfínter.

En esos momentos, una luz al final del túnel me ayudaba más que el aquí y ahora.

A veces necesitamos recordar lo vivido. Otras, imaginar todo lo que todavía podemos vivir.

3. «EL AMOR TODO LO PUEDE»

El buen amor puede con mucho, pero no con todo.

El amor que yo necesité fue amable y silencioso: una presencia que no intentara salvarme.

Saber que mis hijos estaban bien y querer seguir junto a ellos me daba la fuerza que me faltaba.

El amor no curó mi cáncer ni evitó los efectos de la quimio. Pero el cariño de mi gente hizo que todo fuera más llevadero.
Y, de paso, aprendí a amar más y mejor.

4. «ERES UN GUERRERO»

Yo no viví este proceso como una batalla. No creo que venciera nada.

Lo decisivo fueron la cirugía, la ciencia y el equipo médico.

El autocuidado y la constancia me ayudaron, pero no fui un gladiador. Fui un tipo normal que se derrumbó y que, aun así, intentó hacer lo que tocaba.

Quienes mueren de cáncer tampoco han perdido ninguna batalla. La enfermedad no es un examen de valentía o esfuerzo.

Mi proceso podría haber terminado mal y, aun así, yo habría hecho mi parte.

5. «TODO ES PARA BIEN»

O no.

Aceptar lo que llega puede ser un buen horizonte. Pero casi nadie es Buda.

En mi caso, se trató de navegar: desear que la realidad fuera otra, saber que no lo era e intentar ponerle un poco de buena onda.

Aprendí muchas cosas, pero no creo que todo suceda para bien. A veces, algo es una putada y ya.

El cáncer no llegó para enseñarme nada. Fui yo quien, ya que me tocó vivirlo, intento aprender algo del viaje.

6. «HAY QUE SER FUERTE»

Todo es suficientemente complicado como para que, además, tengas que ser fuerte, valiente o inspirador.

Por muy valiente que te creas, en algún momento te vas a cagar de miedo.

Yo jamás habría imaginado que podría atravesar tanto. Pero no creo que aprendiera a ser fuerte.

Aprendí a ser más vulnerable: a pedir ayuda, dejarme cuidar, llorar y reconocer que no podía con todo.

La vulnerabilidad no me hizo más débil. Me hizo más humano.

7. «YA HA PASADO. AHORA VUELVE A LA NORMALIDAD»

Acabar la quimio no significa que todo termine. El cuerpo no entiende de calendarios.

Quedan secuelas, miedos, cansancio, revisiones y una recuperación más lenta de lo que esperan los demás.

La neuropatía todavía afecta a mis manos y a mis pies. Hay cosas de mi trabajo que ya no puedo hacer como antes. Duelar todo esto me resulta muy duro.

Tampoco estoy seguro de querer volver exactamente a la normalidad anterior.

Quiero recuperar todo lo posible, pero conservar lo aprendido: ir más despacio, agradecer más, estar cerca de mis seres queridos y no aplazar tanto la vida.

El tratamiento terminó. El proceso todavía continúa.

«Quizá no se trate de volver a ser el de antes, sino de aprender a vivir bien siendo quien soy ahora»

Descubre más sobre Lorenzo Barnó en Haiki.

Haiki está formado por Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó. Ambos desde el 2009, y de manera muy intensa, están al frente de diversos proyectos digitales, entre ellos al que se refieren como «nuestro mundo Haiki».

En su viaje, Lorenzo nos regala aquello que a él le sirvió.

Habla de escucha y presencia, de agradecimiento y de «imaginar futuros». Habla de cariño, de «dar y recibir amor», de «autocuidado y constancia» y, sobre todo, de saber reconocer la vulnerabilidad humana.

En cuanto a los imprevistos en la vida, dice que algunos no llegan para enseñarnos nada, pero que, «ya que nos tocó vivirlos, intentemos aprender algo del viaje».

Muchas gracias, Lorenzo, por este regalo.

Sensatez y Templanza.

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